La pregunta que todo líder se hace en algún momento: ¿será posible tomar acciones concretas para fomentar la felicidad en un equipo? ¿La felicidad es intrínseca, o hay factores externos que la promueven? Compartimos 6 enfoques imperdibles para entender más cómo funciona nuestra felicidad, y crear lugares de trabajo extraordinarios.

Uno de los aspectos más inquietantes sobre la naturaleza humana es que no somos muy buenos en mantenernos felices. Las emociones positivas se desgastan. Sea que hayamos ganado un ascenso, obtenido un nuevo cliente, o nos mudamos a un lugar mejor, con el tiempo tendemos a retornar a nuestro "nivel normal" de felicidad.

Y en general este proceso no lleva mucho tiempo. Tomemos por ejemplo lo que ocurre cuando probamos un plato maravilloso en un restaurante nuevo. El primer bocado es delicioso. El segundo es muy bueno. Al tercero, ya estamos listos para compartir. Mientras más comemos, menos disfrutamos la comida, hasta que llega un punto que no podemos comer más. Lo más probable es que la próxima vez que visitemos ese restaurante y ordenemos el mismo plato nos va a parecer que algo le falta. Y es que le va a faltar algo: la novedad.

La buena noticia sobre esta tendencia a adaptarnos: el mismo proceso psicológico responsable de aclimatarnos a los eventos positivos también funciona con experiencias trágicas. Por ejemplo, los estudios muestran que los ganadores de la loteria vuelven a sus niveles normales de felicidad cerca de un año después de recibir el premio. Las víctimas de accidentes tienen un comportamiento similar. Doce meses después de perder el uso de sus piernas, los paraplégicos estiman que serán igual de felices en el futuro como lo fueron antes de sufrir el accidente.

Nuestros cerebros están programados para adaptarnos a las circunstancias, y hay una buena razón: demasiado felices y nos faltaría ambición, demasiado tristes y nunca saldríamos de la cama.

Para algunos, aprender que hay un "nivel normal" de felicidad al que se vuelve puede ser muy liberador: significa que no importa que tanto nos equivoquemos en el proyecto actual, inevitablemente la decepción se va a ir, y volveremos a nuestra felicidad habitual. Si es así, ¿por qué no tomar riesgos? Después de todo, funcionamos con una red de seguridad emocional.

Para otros, puede resultar deprimente. Si la felicidad es tan efímera, ¿cuál es el punto de intentar?

Desde hace un tiempo los psicólogos comenzaron a examinar mecanismos para hacer más lento el proceso de adaptación, de manera de prolongar las experiencias positivas.

¿Y cómo podemos demorar esta adaptación? 6 conclusiones con ideas para pensar:

  1. La frecuencia es más importante que el tamaño
  2. La variedad evita la adaptación
  3. Los placeres inesperados generan grandes emociones
  4. Las experiencias son más gratificantes que los objetos
  5. No siempre sabemos porqué estamos felices
  6. Una mente agradecida es una mente feliz

Conclusión #1: la frecuencia es más importante que el tamaño

Nos lleva un tiempo adaptarnos a las experiencias positivas. Y mientras más eventos positivos tengamos, más tiempo nos llevará volver a nuestro nivel normal. Lo cual lleva a la primera conclusión: los placeres pequeños y frecuentes nos mantienen contentos por más tiempo que los placeres grandes e infrecuentes.

Desde el punto de vista práctico esto significa que es más efectivo regalarle a nuestra novia un ramo de flores chiquito todos los viernes por un mes, que comprarle un ramo de flores más caro por única vez. Lo mismo para las vacaciones: mejor repartirlas durante el año, que tomarlas todas juntas de una vez.

Mientras más frecuentes tengamos estos eventos de felicidad, más tiempo nos llevará volver a nuestros niveles normales.

Desde el punto de vista organizacional esta conclusión genera impactos profundos. Por un lado, conviene separar los eventos anuales en eventos cuatrimestrales. Por ejemplo, las empresas suelen entregar bonus anuales, pero una estrategia mucho más efectiva podría ser dar bonos más pequeños de manera cuatrimestral. La misma lógica sirve para las fiestas. En vez de una super fiesta anual, parecería ser más inteligente usar ese presupuesto para encuentros cuatrimestrales más modestos.

La importancia de estos eventos positivos frecuentes también nos brinda una nueva forma de apreciar el valor psicológico de ciertas comodidades en la oficina. Los empleados que disfrutan de beneficios relativamente baratos en sus lugares de trabajo (como tener una buena máquina de café, o una heladera con frutas) tienen más probabilidad de sustentar niveles diarios de felicidad que con un aumento de sueldo esporádico. Un experimento reciente demostró que estos beneficios del lugar de trabajo son más motivadores que un bonus monetario del mismo valor.

Conclusión #2: la variedad evita la adaptación

Aumentar la frecuencia de los eventos positivos no es la única forma de demorar la adaptación. También sirve agregar variantes.

Debido a que nuestros cerebros están programados para adaptarse rápido a las circunstancias, tendemos a ignorar los eventos que ocurren con repetición, sin importar que tan positivos sean. Necesitamos de nuevas experiencias para mantenernos emocionalmente involucrados.

La variedad impide la adaptación, y por eso para crear un lugar de trabajo feliz necesitamos hacer mucho más que repetir las mismas actividades una y otra vez.

Una forma de introducir variedad es asociar ciertos eventos positivos a temporadas específicas. Por ejemplo, en una empresa de consultoría contable, los empleados se toman descansos para comer helados juntos durante el verano, y disfrutan de cidra y donas en el invierno.

Al conectar eventos positivos a ciertos meses del año, las organizaciones pueden mejorar el impacto emocional de las actividades, y a la vez agregan algo extra a la experiencia: les dan a los empleados algo que esperar con ansias.

Conclusión #3: los placeres inesperados generan grandes emociones

Cuando ocurre algo sorpresivo, nuestro cerebro automáticamente empieza a prestar atención, y genera gran impacto emocional a los eventos inesperados. Nos motiva el entender los eventos que no habíamos predecido, y le dedicamos mucha energía a pensar sobre esos eventos una vez que terminaron.

De esta manera, las sorpresas generan un signo de admiración emocional, aumentando el impacto de cualquier evento, sea bueno o malo.

Cuando nos unimos a una organización por primera vez, los primeros días consisten en conocer personas nuevas, explorar nuevos lugares, y aprender prácticas nuevas. Y de pronto, una mañana las sorpresas no están más. Conocemos casi todo sobre nuestro lugar de trabajo, y nuestros trabajos se vuelven predecibles.

Dado que las sorpresas le provocan tanto impacto a un evento, resulta irónico que la mayoría de las empresas sólo usen la sorpresa para comunicar información negativa. Se despide a un colega; se reorganiza un departamento; se discontinua un producto. No se pueden evitar algunas malas noticias, y seguramente hay información que por diversos motivos no se divulga hasta último momento. Pero cuando estos eventos se vuelven inesperados, generan que se les preste más atención de lo que normalmente hubieran ocasionado.

Las empresas pueden aprovechar mucho mejor sus presupuestos, generando mayor impacto por la misma plata, si incluyen sorpresas positivas en los lugares de trabajo. ¿Cómo sorprender a los empleados? Una idea podría ser alquilar un cine y llevar a todos a la premiere de un estreno importante. O contratar a una masajista para que pase por la oficina durante el día.

El objetivo no es sólo mejorar temporalmente el estado de ánimo, sino crear un ambiente donde exista la expectativa de algo positivo por ocurrir. Mientras más empleados anticipen que ocurrirán cosas positivas, más probable que las encuentren.

Conclusión #4: las experiencias son más gratificantes que los objetos

¿Cuál es la mejor forma de invetir el dinero para hacer felices a los empleados?

Hay varios estudios que investigan el ROI en felicidad de diversos productos y servicios. Lo que descubrieron es que comprar experiencias de vida (por ejemplo, un viaje en globo, una clase de cata de vinos, unas vacaciones en Italia) tiende a brindar mayor felicidad que gastar una cantidad similar de dinero en objetos materiales (por ejemplo, una TV nueva, un traje lujoso, o una cartera).

¿Por qué ocurre esto? Por un lado, es porque las experiencias tienden a involucrar a otras personas, y estar en compania de otros aumenta nuestra felicidad. En cambio, los objetos materiales suelen usarse en privado, cuando estamos lejos de nuestros amigos y familia, y es raro que involucren nuevas aventuras.

A diferencia de los objetos materiales, las experiencias mejoran con el tiempo. Recuerden las últimas vacaciones que tomaron. ¿La pasaron bien? Los estudios muestran que recordamos los eventos de manera más positiva mientras más lejos están en el tiempo. En cambio, ¿qué pasó con ese reloj costoso que está guardado en el fondo del cajón? Tiene algunos rayones y ya no parece tan bueno como lo era el día que lo compramos.

Invetir en experiencias para los empleados (enviar a los miembros del equipo a una conferencia, patrocinar salidas grupales, u otrogar salidas de fines de semana en lugar de bonus pequeños) puede incrementar más la felicidad que invertir en nuevos muebles o mejorar el sistema de telefonía.

Una nota importante: es buena idea invertir en infraestructura cuando el equipamiento de la oficina es fuente constante de frustraciones. Pero si el equipo está relativamente satisfecho con las facilidades de la oficina, entonces conviene invertir en generar experiencias.

Conclusión #5: no siempre sabemos porqué estamos contentos

Nuestra mente absorbe una enorme cantidad de información que nos rodea, y la usa para guiar nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Y gran parte de este proceso ocurre en el inconsciente.

Una característica que en general ignoramos es el olor. Los estudios muestran que cuando nos exponemos a aromas positivos (por ejemplo, el aroma al café, un negocio de velas, o una panadería), tendemos a estar más contentos y no sabemos porqué. Resulta interesante que este cambio de emoción también afecta nuestro comportamiento. Ayudamos más, nos volvemos menos competitivos, y somos más generosos.

La música también cambia nuestro estado de ánimo. El corazón tiende sincronizarse con los sonidos que escuchamos. Por esto la música tecno nos acelera, mientras que Frank Sinatra nos relaja.

Podemos usar estos hallazgos de manera sutil para mejorar los ambientes de trabajo. Un suave aroma a lavanda en el cuarto de descanso, o flores frescas en la entrada, pueden generar un impulso psicológico positivo. También puede ayudar algo de jazz en la recepción, o un compilado con los temas favoritos de las personas en las salas de descanso.

Conclusión #6: una mente agradecida es una mente feliz

Algo más que podemos hacer para fomentar la felicidad en el trabajo: entrenarnos para ser agradecidos.

Gran parte de nuestro día se consume en pensar sobre fechas de entrega y tareas para terminar. Este proceso desgasta. Con el tiempo, el estar pensando constantemente en lo que falta hace que la mente se centre en lo negativo.

No es común que nos detengamos a disfrutar de los logros. Al momento que termina un proyecto, empieza otro. Pero al tomarnos un momento para dirigir nuestra atención a las cosas que están saliendo bien, mejoramos el disfrute y demoramos el proceso de adaptación. La gratitud nos ayuda a apreciar los eventos positivos cuando ocurren, haciendo que duren más.

Una actividad que sirve para cultivar la gratitud en nuestras vidas es anotar los eventos positivos que nos ocurren, sea de manera electrónica o en un cuaderno. Esta práctica sencilla de llevar un "diario de gratitud" promueve el bienestar mental y disminuye la probabilidad de que nos deprimamos.

Ahora bien, aunque esta práctica funciona a nivel individual, implementarla a nivel de una organización tiene varios desafios. En el momento que pedimos a otras personas que escriban un documento de eventos positivos, la práctica gana todo el encanto de llenar formularios de horas.

Entonces, ¿qué podemos hacer para fomentar la gratitud en nosotros y en los empleados?

Una solución puede ser apartar tiempo semanal para que los empleados compartan sus logros recientes al grupo. Como una reunión de staff tradicional, pero con un giro diferente. En lugar de enfocarse en lo que falta hacer, podemos usar esta reunión como una oportunidad para que los miembros del equipo compartan el logro del que se sienten más orgullosos desde la última reunión.

Al cambiar el foco de lo que está faltando hacia lo que se logró, se crean reuniones donde las personas pueden reflexionar sobre los aspectos del trabajo que están haciendo bien (en lugar de caer en la trampa del ¿qué está faltando?). Recordemos que la sensación de progreso es el factor más importante en la satisfacción del trabajo.

Traducido y adaptado de The best place to work, de Ron Friedman

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